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In this issue - January 13, 2012
In this issue - January 27, 2012
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Column by Archbishop Gustavo García-Siller
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Un punto de encuentro para la Comunidad

    En primer lugar, quiero decirles que no soy un experto en renovación urbana, organización de tráfico ni arquitectura. Estoy escribiendo esta columna como un ciudadano de San Antonio cuya parroquia, la Catedral de San Fernando, está en medio de la propuesta del Plan de Restauración de la Plaza Central. Este es un proyecto que ha suscitado múltiples opiniones, incluso entre católicos que legítimamente discrepan. Sé que los cambios son muchas veces recibidos con escepticismo e incluso cierta acrimonia.

    Esperemos que esas diferencias contribuyan para que se llegue al plan que más beneficie el bien común. Porque en el fondo, todos amamos la rica historia de nuestra ciudad, y está muy bien que hagamos todo lo que podamos para preservar su legado arquitectónico y su encanto particular.
    Entiendo las críticas y preocupaciones que han surgido en oposición a este plan. Pero también hay muchas buenas razones para considerar e incluso apoyar un plan serio de Restauración de la Plaza Central.

    Es común escuchar que se diga que la Catedral de San Fernando está en el corazón de San Antonio.
    Siendo así, me parece apropiado e incluso recomendable rodear ese corazón con bellezas naturales y un diseño que permitiría a las personas compartir la historia, cultura y belleza de nuestra ciudad. El plan ofrece una oportunidad para poner la catedral en un área nueva, cómoda y acogedora, que puede atraer y unir las instituciones civiles, comerciales y religiosas de nuestra comunidad.
    Se necesita osadía para imaginar y apoyar el cambio, pero muchas de las obras maestras de arquitectura que ahora admiramos no existirían si personas visionarias no hubiesen llevado adelante su causa.

    Un ejemplo famoso es el de la Vía de la Conciliación en Roma, la famosa avenida que da acceso a la Basílica de San Pedro en el Vaticano.
    En su concepción hubo duras resistencias y fuertes sugerencias de que sería simplemente un proyecto de destrucción, que eliminaría varias cuadras de las antiguas casas de los famosos “borghi”.
    Sin embargo, hoy, incluso para los críticos más apasionados, sería imposible imaginar la actual Basílica de San Pedro sin ese ingreso majestuoso e imponente, que sirve de desembocadura natural de la gran plaza que acoge a las personas de todo el mundo con las dos columnatas de Bernini, abiertas como dos brazos en acogida.
    El cambio fue atrevido, pero creó una nueva realidad que da el debido respeto al pasado, mientras sirve a las necesidades contemporáneas.

    En efecto, el Plan de Restauración de la Plaza Central rinde el debido homenaje a nuestra historia y nuestra cultura hispana. Así como en grandes ciudades de España y América Latina, ese cambio le daría a San Antonio una plaza que sería consistente con nuestro famoso encanto de viejo mundo y con la funcionalidad contemporánea.

    El River Walk es realmente una maravilla para todos aquellos que visitan nuestra hermosa ciudad, pero no ofrece un lugar central de reunión, en el corazón de San Antonio, donde las personas pueden moverse con facilidad de un lugar a otro, de la corte de justicia al gobierno de la ciudad, del ajetreo de una ciudad del siglo XXI al silencio del santuario de un monumento a la fe del siglo XVIII.
    Yo creo que el plan es fiel a nuestra tradición y a la cualidad de vida que históricamente ha identificado a nuestra ciudad natal.
    No se trata de un plan sobre cuestiones de fe y moral, pero que habla fuerte sobre cuanto valoramos la verdadera cualidad de vida que ofrece San Antonio a las personas. Se trata de nuestro compromiso con el bien común.
    La plaza no beneficiará solamente a un pequeño grupo selecto, sino que enriquecerá tanto la vida de los visitantes como de los que vivimos aquí.

    En efecto, el Plan de Restauración de la Plaza Central conectará los dos mundos en que vivimos, el mundo moderno, con su punto de tránsito fácil en el River Walk, y nuestras raíces hispanas, donde todas las personas confluirán, rodeadas de la belleza de lo antiguo y de lo nuevo.
    Como habitante de San Antonio y como un católico que se siente orgulloso de la historia y la belleza de esta hermosa ciudad, me alegra la idea de que la Catedral de San Fernando sea recibida en sus puertas por una plaza tan acogedora y hermosa.

 



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